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Natalia Guzmán: “Yo hago cine para contar historias”

Por Armando Quesada 

“Bajo la arena” es el cuarto cortometraje de Natalia Guzmán, y fue su proyecto de tesis en la Universidad Véritas. Aparte de dirigir, Guzmán ha trabajado en varios cortos como parte del crew, ya que su especialización es mezcla y diseño de sonido. Sin embargo, en esta obra se dedicó exclusivamente al guión y a la dirección.  

Las relaciones familiares, el amor prohibido, lo no dicho, el abandono y la soledad son los temas que toca en “Bajo la arena”, que será parte de la selección MADE IN COSTA RICA  del shnit Worldwide Shortfilmfestival 2017. 

¿De dónde vino su interés por el cine?

Me apasiona mucho la idea de trabajar en algo que tenga que ver con arte y donde pudiera contar historias. Yo hago cine para contar historias y llevar un mensaje a la gente.

¿Qué temáticas tienen en común sus cortos?

La amistad, la unión entre personajes donde no todo es perfecto, sobre las complicaciones que tienen. “Cuenta conmigo” (su corto anterior) aborda la relación de amistad entre dos chicos que se dedican a robar y cómo esto les trae consecuencias. En “Bajo la arena” se explora una relación prohibida entre dos personajes, Amanda y Emilio, y las consecuencias de las decisiones que toman. Yo diría que las temáticas comunes son el amor prohibido, las relaciones de amistad y cómo las decisiones tienen consecuencias para otras personas y para ellos mismos. Son historias muy humanas, yo trato que sean lo más real posibles, que muestran una realidad cruda e imperfecta.

¿Es la primera vez que toca el tema del amor prohibido?

Hay un tema que es muy fuerte, que nunca había abordado y que tenía un poco de miedo de hacerlo, que es el incesto. No quería mostrarlo como algo chocante, sino como una experiencia que estos chicos van teniendo y donde es algo impulsivo. Sí había tratado el abandono y la soledad en trabajos anteriores, pero aquí lo exploré en conjunto con las relaciones familiares y la confusión. Hay muchos subtemas que le dieron origen a otros mientras hacía el corto. Fue un proceso muy rico donde todo se daba poco a poco.  

¿Cómo hizo para tratar el tema del incesto sin caer en el terreno común del morbo?  

En un principio yo no quería definir si el incesto era algo bueno o malo, quería hacerlo ambiguo y que cada quien tome su decisión. Me importaba más mostrar el acercamiento de los chicos cuando están solos y confundidos, en un ambiente que no es su hogar y entonces esta situación de estar juntos es una fantasía. En un principio sí tuve miedo de tocar el tema por lo tabú que es en el país, fue un reto pero también fue enriquecedor. De cierta forma me interesó hablar sobre lo que es prohibido y de lo que no se habla.  

¿Cómo fue el proceso de filmación?

Fueron cuatro días de filmación en El Coco, Playa Hermosa y Playa Bonita. Fue un crew de 15 personas. Hicimos mucho scouting y exploración para crear la atmósfera donde se desarrollarían los personajes. Me interesaba que los personajes estuvieran aislados, no en la ciudad. Por eso escoger el lugar correcto era sumamente importante. Fue difícil encontrar el lugar adecuado. Yo sabía que quería una playa muy vacía, sin mucho oleaje.

Yo quería enfocarme en los personajes, hubo muchos ensayos porque quería dedicarme plenamente a que los actores se convirtieran en sus personajes.  

¿Cómo escogió a los intérpretes?

En un principio yo quería que los actores fueran menores de edad, porque con adultos la historia se sentiría falsa. Hicimos un casting por un mes con adultos a ver qué pasaba y se sintió forzado y que se perdía la inocencia. Primero escogimos a Pablo para el personaje de Emilio, que tenía la inocencia que yo buscaba, y con Amanda duramos dos meses más buscandola. Yo quería una chica que se pareciera a Lolota, con una sexualidad bien marcada que fuera intimidante para Emilio. Al final encontramos a Sofía y tanto ella como Pablo fueron los actores perfectos.  

¿Fue difícil trabajar con menores de edad?

Tuve mucha suerte con Pablo y con Sofía porque ellos fueron muy abiertos a mi visión. Yo quería que construyeramos a los personajes juntos. El proceso de crearlos fue muy rico, todos contribuimos a crear a Emilio y Amanda. Entre los tres descubrimos quienes eran los personajes y los perfeccionamos poco a poco. Fue un proceso de aprendizaje entre los tres.

¿Cuál fue su acercamiento visual a la historia?

Yo quería que todo fuera muy árido, con colores secos que dieran una sensación de abandono. Buscaba paisajes desolados y poco a poco conforme ellos se adaptan a esta realidad los colores se volvían más vivos. Me inspiré mucho en las pinturas del Romanticismo, en la película Lolita y además La Ciénaga de Lucrecia Martel. Fue un proceso de prueba y error. Junto con Daniel Aguilar, el director de fotografía, fuimos perfeccionando el estilo. Yo quería que el panorama fuera un personaje como tal.

¿Por qué decidió participar en el shnit?

Yo intervine en varios proyectos que participaron previamente en el shnit, pero no como directora, sino como sonidista o productora. Ya el shnit era conocido para mí como desde hace cinco años. El shnit me gusta por la oportunidad que le da a los cineastas de llegar a un gran público, además de proyectar el corto en el Cine Magaly. Tener la oportunidad de ver un trabajo propio ahí es algo muy bonito.  

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