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‘Capa love’: Somos lo que hacemos con nuestros recuerdos

Por: Jossette Víquez

En el principio de la videollamada, solo aparece Francisco en la pantalla, pues Juan Carlos presenta problemas para poder acceder, sin embargo, cuando lo hace se escucha la voz de un joven tímido quien poco a poco se va soltando y deja que salgan todos esos recuerdos y pensamientos que fueron parte de la creación de Capa Love, un videoclip animado participante de la competencia MADE IN COSTA RICA del festival shnit San José 2020.

La primera carrera que estudió Francisco Aguilar, mas no terminó, fue psicología, sin embargo se dio cuenta que lo que le apasionaba era contar historias y que la animación siempre había sido parte de su vida desde que era pequeño. Lo que más le gusta, y al mismo tiempo lo que menos le gusta de este género audiovisual, es que no hay límites. Sabe que puede hacer realidad todo lo que su mente cree, pero también sabe que eso puede tomar mucho tiempo. 

Juan Carlos Romero, por su parte, primero estudió terapia física donde, dice, sufrió un poco, luego estuvo en la carrera de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Costa Rica y después llevó un curso de Photoshop en la Universidad de Costa Rica, todo un proceso donde descubrió que era lo que realmente le gustaba. Aunque ya lleva 6 años en la animación, él era el único que no se daba cuenta que debía estudiarlo. “Hace un par de días descubrí que mi mamá tenía un email secreto con mi hermano mayor donde se estaban chateando que iba a hacer yo, que al parecer ya estaba casi que convencido de estudiar animación, o sea, había un complot detrás para que yo estudiara animación”, comenta entre risas.

Fotograma del videclip ‘Capa love’

Ambos directores tienen un punto en común: la parte que menos les gusta es la gran cantidad de tiempo que les toma hacer cada animación. Cuando les consultó sobre cuánto tiempo les tomó realizar el cortometraje los dos se ponen a reír recordando esos momentos, o bien esos meses. “Duramos de marzo hasta diciembre del 2019, por esto mismo de ir animando cada escena. Fue un proceso de pasar de una idea realmente ambiciosa, como imposible de hacer a llegar a algo que fuera posible y que se mantuviera un poco la idea de lo que queríamos hacer”, menciona Francisco.

—¿Cuáles fueron las primeras emociones al escuchar la canción?

—La canción la escuché por primera vez de hecho cuando salió el disco, porque mi hermano me dijo “ey, escuche esta, es mi favorita del disco”—comenta Francisco— Fue un poco lo que me quedó y me sigue quedando y lo que quisimos transmitir. Como intentar hablar de la vida, de lo complicado que tiene  en una canción y contárselo a alguien, que es un poco también lo que nos dijo Carlos (Méndez, el músico autor de la canción) que él quería. Desde el principio, como que calzo muy lógicamente con la temática que queríamos hacer en la animación.

—Realmente nunca había escuchado nada de Carlos Mendez hasta que Diego presentó la canción —menciona Juan Carlos— entonces ahí indagué un poquito, vi unos videos y me pareció muy buena vibra, como que de verdad Carlos tienen una visión muy artística de sus vídeos y con variedades como Nocturno Vigilante, entonces dije: claramente hay campo aquí para hacer cosas creativas y de fijo él va a ser abierto a eso.

Entre risas recuerdan la importancia que tuvo simpatizar con la canción pues la tuvieron que escuchar “trescientos mil millones de veces”, según Francisco. 

Conforme iban realizando las animaciones, muchos encuadres calzaban con la letra y otros iban de acuerdo al tono de la canción, que es algo que también debían realizar. Lo visual y la música debía ser cohesivo, mas no literal a la letra. “Para mí era muy importante que el sonido, más que la imagen, calzara. Era como que el clímax visual y musical fueran de la mano”, explica Romero.

—También hubo un proceso de reducir la idea que teníamos tan grande a algo que fuera más terminable y conciso —agrega Aguilar.— Fue algo muy orgánico y chiva, porque hubo un proceso dónde teníamos que decidir, a través de la edición, cómo iba a ser el corto, y que la edición y que la canción realmente alimentara el proceso de lo que sería dibujar y animar. Yo no lo esperaba, pero al final todo iba de la mano.

—Y en cuanto al proceso creativo, ¿cómo fue? ¿Carlos les dijo qué quería que mostrara el corto?  

—Yo hablé con él en un concierto que tocó acá en el país —comienza Francisco— y le propuse la idea muy rápido y me dijo como “ok, ok, hablémoslo” y se lo propuse a Juanca y a al resto del equipo. Yo creo que escuchamos la canción, pensamos que nos hacía sentir y después hablamos con Carlos sobre qué estaba pensando él cuando la escribió y qué era lo que quería hacer. Ahí nos dimos cuenta que la idea de contar un poco la vida, pero no como literal, sino con pequeñas historias y eso a Carlos le llamó mucho la atención y esa fue la idea principal.

—Sí, ahí le hicimos la propuesta y que fueran tipo slices of life, que le dicen a este tipo de cortos de muchos episodios tal vez no conectados. Esa fue la propuesta y él nos dio demasiada libertad, pensándolo bien, tal vez fue excesiva la libertad. Pero en esa conversación él dijo: sí adelante y ya ahí, conforme fuimos avanzando, le fuimos mandando avances y al parecer todo le fue gustando 

Sobre el mensaje que quería transmitir Carlos, recuerdan que él tiene una hija y la canción es dedicada a ella. Es cantarle sobre la vida y todo lo que esta implica, un aprendizaje, errores, un poco de sufrimiento, pero que al final todo va a estar bien.

El estilo del vídeo es un tipo de homenaje a la película del japonés Masaaki Yuasa, un filme que a ambos directores les encanta. Pues cuenta con una escena donde se ve cómo la colección de recuerdos de todos los personajes, y esa fue su inspiración. En el cortometraje hay escenas que son propias de la niñez, como los legos o el fútbol, de la adolescencia, como el amor, y de la adultez, como la escena en la cama.

—¿Fue difícil contar la historia sin un diálogo?

—Siento que no —opina Juan Ca—, porque no teníamos que seguir nada acorde a un diálogo, no teníamos que animar el diálogo o vocalizar el diálogo. Eso también abre la posibilidad de meter más elementos simbólicos que no tenga que ver con un diálogo estricto, entonces en ese sentido creo que fue mejor sin un diálogo.

—Fue algo muy chiva ir dejando que la canción y la edición fueran marcando el paso y el ritmo de lo que iba pasando —agrega Francisco—. Y eso al final nos permitió jugar como si fuera un rompecabezas donde todas las piezas calzaban y poderlas ir acomodando.

—Una de mis escenas favoritas, es la secuencia de la banca con las personas y la flor, ¿para ustedes cuál es la escena que transmite el sentimiento más fuerte? 

—Son muchísimas, pero yo creo que la que más tuvo impacto para mí fue la de los piecitos en el agua por varias razones —inicia Juan Ca—. Número uno, esa fue una de las escenas que más sufrí pero me marcó y para mi eso transmite demasiada serenidad y es algo que a mí personalmente me gusta hacer. Es curioso porque yo tuve la dicha hace unos años de viajar a Cancún con mi mamá y el hotel estaba relativamente vacío y habían como pocitas como cuando el mar se retrae un poco. Y yo me di la libertad de hacer lo más feo que quise porque no había casi nadie, y lo que hice fue que me tiré en una de las positas boca abajo y aguante la respiración lo más que pude y en lo que estaba aguantando la respiración yo estaba ahí mezclado con la naturaleza, escuchando los sonidos acuáticos y el pasar de las olas, y en eso nada mas siento una sacudida detrás mía y era una de las trabajadoras del hotel que pensaba que yo estaba ahogado y llegaron a rescatarme. Entonces para mí como que lo conecto con eso, un momento que tuve mucha claridad de no pensar en mí, nada más pensar en esta existencia. 

—Tal vez a mí la que más me marcó fue la del perro —agrega Francisco—, porque yo tengo a mis perros y cuando pienso en la vida pienso que van a estar ahí por un rato, uno espera que para siempre, pero cuando me acuerde de ellos o cuando no los tengo cerca, lo que recuerdo es como la carilla de ellos viéndome como para arriba y creo que eso es como lo que queremos transmitir y eso es un momento que siempre llevo. 

Entre risas y bromas comentan otras escenas como la del celular, que ambos opinan que es una escena fuerte o la de la banca. La cual fue realizada con un contexto de amor sobre cómo dos personas se conocen, llenan un vacío y dejan una flor votada. Sin embargo, cuando les comento la percepción que tuve de la escena, que más bien la percibí cuando dos personas se dejan de hablar, la sorpresa e incluso más risas inundó el ambiente.

Fotograma del videclip ‘Capa love’

—Esto es lo que a mí me encanta de este corto —comenta Juan Ca— que se abra a demasiadas interpretativas, y algo que para mí era, usted ya le dio otro tono. Yo siempre consideré el evento de la banca donde los dos peculiares se encuentran y se van. 

—Mientras no dijeras que tu escena favorita era la del celular porque te parecía romántica, todo bien— agrega con diversión Francisco.

Muchas de las escenas sí están conectadas entre sí, como la escena de las manos, primero de niño y luego de adulto, o la escena del meteorito y la lagartija. Pero no tienen un orden lineal, todas están puestas de la misma manera en que nos acordamos de momentos de la vida: de manera desordenada.

—Todo esto de los recuerdos hay que revisarlos y reinterpretarlos —agrega Romero— porque al final de cuentas, el único propósito que tienen las memorias es prepararnos para el futuro, por eso es que estamos tan pegados al pasado; interpretarlas y darles un mejor sentido, por lo menos más positivo.

¿Cuáles planes tienen para el futuro en el medio audiovisual?

—Que pase esta pandemia —dice entre risas Juan Carlos—. Hay muchas cosas que espero: Uno, que se sigan dando espacios como el shnit que son tan positivos para realizadores y creadores que vivimos en tinieblas como nosotros. Por el lado personal, poder encontrar un equilibrio donde pueda realizar cortometrajes de una manera artística, de una manera libre de expresión o donde ojalá pueda hacer remunerado para que yo pueda seguir haciendo esto y pueda vivir de esto. Yo elegí animación porque estoy dispuesto a sufrir por esto, pero me tiene que gustar lo que hago para no sentir que estoy trabajando y que estoy haciendo esto porque me nace y porque me gusta hacerlo, esa sería mi visión.

—Mi proyección a futuro es poder seguir teniendo el espacio para expresarme creativamente a través de la animación —cuenta Francisco—, eso lo que me gusta de la animación, la libertad de poder experimentar y jugar. Crear cosas que le permitan a la gente tener una interpretación, que una escena resuene en otra gente. Con el tema de la industria, es una situación súper complicada, y si le agregamos trabajo es todo un mundo. 

Ambos directores se notan muy felices del trabajo que realizaron, las peleas creativas y momentos tensos quedaron en la producción del corto, después se dan un abrazo. A partir de ahora, Capa love será un recuerdo más que el capricho de la memoria les traerá de vuelta cuando menos se lo esperen. 

 

 

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