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El regreso al cortometraje de Jurgen Ureña

Por: Luis G. Cardoce

Corrían los noventas cuando un amigo español se lo advirtió: ser cineasta en Costa Rica era como ser torero en Dinamarca; no tenía sentido, pero para Jurgen Ureña ya era demasiado tarde, ya el tren del cine le había pasado por encima y en su cabeza algo se había desacomodado para siempre y —con el paso de los años— para bien. 

Fue tanta la fuerza con la que el cine lo atropelló, que hizo girar al mundo de ese joven que entró a la universidad con la expectativa de convertirse en un administrador de negocios  —por primera vez— en dirección contraria. 

Lo que inició como una manera de ganarse una beca trabajando en la cátedra de cine de la Escuela de Estudios Generales, se convirtió rápidamente en una vocación incondicional, al punto de que le sería difícil entender su vida sin verla a través de las relaciones con el cine.

“O sea, después de ir al cine a ver King Kong, convertirte en el proyeccionista de un cine que pasaba las películas de la nueva ola francesa, y ver Hiroshima, mon amour no una o dos veces: sino diez o quince, es algo que te tiene que afectar la cabeza, te desajusta”, cuenta Jurgen. 

Décadas después, la inercia de ese arrebato lo sigue empujando a ser una de las voces más interesantes de la cinematografía costarricense. Ya con dos largometrajes bajo su nombre —Muñecas rusas (2014) y Abrázame como antes (2017)—, Jurgen disponía del 2020 para avanzar con su tercer largo, esta vez en una coproducción con México, sin embargo, al igual que para muchos, la pandemia tenía otros planes. Al tener que congelar sus proyectos de largo aliento, Jurgen se dio cuenta que la mejor manera de saciar sus necesidades creativas era reaccionar a ellas en corto plazo, es decir: regresar al cortometraje. 

No hizo falta desempolvar mucho el formato para enamorarse nuevamente de él: durante el encierro realizó tres obras que fueron seleccionadas en el Festival Global de Cortometrajes shnit San José. “En realidad los tres cortometrajes son como una especie de respuesta a un estímulo. No solo estoy habituado a trabajar así, sino que me parece que esa es la forma en la que debo hacer cine, que es respondiendo a algo que ocurre, a una especie de llamado”, dice. 

El primero fue Dulce Martina, un guion que le llegó desde España por Natalia Mariño, una costarricense radicada en Madrid. El corto cuenta la historia de Martina, una de las tantas mujeres mayores que la cuarentena dejó sin trabajo. Ante la necesidad, Martina decidie trabajar en una plataforma de cam girls haciendo contenido erótico, sin embargo, una noticia de su hija le sacudirá su brújula moral.  

El corto ‘Dulce Martina’ forma parte de la competencia MADE IN COSTA RICA.

La realización de este cortometraje fue completamente nueva para Jurgen: la debió hacer desde su casa en Costa Rica, dirigiendo actrices que estaban en Madrid, Sevilla y Buenos Aires a través de una pantalla. “Fue una experiencia muy reveladora. A veces le cargamos de más a los procesos de producción, a veces los complejizamos excesivamente. En Dulce Martina trabajamos relativamente pocos y creo que, sin embargo, la calidad no señala la ausencia de procesos, de personas o de etapas”, dice.

El segundo fue Gregorio, una pequeña versión tropicalizada de La Metamorfósis de Franz Kafka. En él, una voz en off acompaña austeramente los intentos de un abejón de mayo por ponerse de pie. 

Esta especie de trilogía de cuarentena la concluye con La niña fantasma, un corto de dos minutos en el que una niña deja regularmente comida en la puerta de la habitación de su abuelo, que está enfermo. Un día el abuelo no abre la puerta, entonces la niña decide entrar.

Todavía con el momentum de ese primer atropello cinéfilo empujando sus palabras, Jurgen conversa sobre su carrera y lo que significa volver a hacer cine en corto. A continuación, un extracto de la entrevista. 

Sos una persona que no solo consume mucho cine, sino que escribe constantemente sobre él, ¿sentís que escribirlo te ha ayudado a comprender el cine de una manera diferente a si solo lo consumieras y crearas?

Totalmente, yo creo que es así. A mí me parece que, y esta es una frase que no es mía y que se ha dicho con mucha frecuencia, escribir es pensar dos veces. Y cuando se escribe sobre cine se piensa el cine desde otra manera, no solo se entra por el costado del cine más reflexivo, se entra al mundo del cine ya no como espectador o la persona que consume un producto, sino como la persona que está interesada en entender algo de ese producto. Es un poco como desarmar el tren eléctrico en la navidad cuando uno es un niño. Escribir sobre cine tiene algo de eso, pero también permite organizar un poco las ideas, te permite hacer relaciones que de otra manera no podrías hacer. La escritura tiene un tiempo distinto, supone también un momento de soledad, un momento de reposo, una pausa y experimentar el cine de esa manera también es distinto a aquello que uno hace a cuando solo se ubica en el lugar del espectador o, incluso, cuando se ubica del lado del consumidor, que es peor, todavía. 

El cortometraje ‘Gregorio’ forma parte de la muestra Sabor Local: CHURCHILL del shnit San José.

En una línea similar a la pregunta anterior, vi que tu maestría es en documental creativo, ¿sentís que haber pasado por una escuela de no ficción ha moldeado la manera en la que trabajás la ficción?

Mucho, mucho. En primer lugar lo que hizo fue borrar la línea divisoria entre ficción y documental, de manera que yo ya no tengo la necesidad de ubicar el audiovisual o el cine que hago o quiero hacer en esos cajones tan restrictivos. A veces lo hago porque es necesario comunicarse con algún productor o alguna persona que quisiera participar en el proyecto y a él le resulta muy útil decir: “ah, esto es un documental sobre tal personaje”, pero para mí esa línea divisoria no aporta demasiado. Es mucho más interesante trabajar la frontera difusa entre una cosa y otra y eso es uno de los grandes aprendizajes de la maestría que llevé en Barcelona, que esa división es por un lado absolutamente convencional y, por otro, absolutamente inutil cuando se trata de hacer cine. 

Muchas veces el cortometraje es ingratamente calificado como el paso antes de un largometraje, casi como un formato que solo sirve de escalón. En tu caso, ya has hecho largometrajes antes, tenés amplia experiencia, así que, desde un punto de vista creativo, ¿qué significó para vos volver al cortometraje?

Sí, yo espero que no sea exactamente volver porque quiero pensar que nunca me fui del cortometraje, y aunque sí es cierto que durante un buen tiempo no los he hecho, pues me gustaría pensar que a partir de ahora voy a seguir haciéndolos. Sí es importante para mí hacer cine y, si en muchas casos eso adopta una forma u otra, es completamente secundario.

Todavía existe una especie de gran prejuicio que nos hace pensar que un cineasta que hace cortometrajes en lugar de largometrajes es un poquito menos cineasta, por eso creo que el shnit como un espacio de difusión y pensamiento del cortometraje es tan importante. Esto no ocurre con la literatura, con mucha frecuencia una asocia el cortometraje al cuento y el largometraje a la novela, pero no es cierto que en la literatura se considere a un escritor de cuentos como un escritor menor, o como alguien que está aprendiendo para escribir su novela; nadie considera a Borges un escritor menor por nunca escribir una novela, por ejemplo, pero en el caso del cine, porque justamente funciona en la dinámica de consumo, sí tenemos esa idea: la persona que está haciendo un corto lo hace porque no sabe cómo hacer un largometraje o no tiene la plata o la capacidad para hacerlo y yo estoy opuesto a esa idea. El corto tiene muchas posibilidades, por eso me interesa. Creo que una película como La niña fantasma cuenta cosas que en un largo no se podrían contar. Es pequeña, sutil, se mete en un rincón de una casa de una manera que difícilmente podría manifestarse dentro de los mismos términos en un largometraje. 

‘La niña fantasma’ se proyectará en la función MADE IN CR I.

En Dulce Martina, el personaje vive un conflicto “moral”, en cuanto no sabe si enorgullecerse de lo que hace, pero también hay uno tecnológico, de no saber adaptarse a la plataforma. Cuando uno es joven seguirle el rastro al status quo tecnológico es muy natural, pero luego nos cuesta. ¿Por qué cuesta más actualizarse con la edad? 

Es muy interesante porque esa es la barrera que también vivo y yo tomé este proyecto con mucho entusiasmo a partir de un guion que escribió una costarricense radicada en Madrid que se llama Natalia Mariño, y en realidad la única sugerencia de cambio que hice al guion original, y que Natalia aceptó muy bien, era la diferencia de edad. Esto que mencionás sobre la brecha generacional y el problema moral que tiene el personaje, ocurre a partir de la sugerencia de hacer al personaje mayor, porque el personaje tenía veintipocos años, era una chica joven que estaba entrando esto y, claro, la posibilidad de que la estafen o se sienta estafada es menor, y por otro lado no existiría una hija y no existiría la posibilidad de convertirse en abuela que para mí le daba a esto otra cosa, metía al personaje en este dilema moral. 

Entonces con este pequeño cambio, pues, por supuesto muchas otras cosas se movieron. Natalia lo aceptó, cosa que lo agradezco porque es casi otro corto, es decir, si la chica tiene 20 o tiene 45, crea una gran diferencia, hay otra relación con su propia imagen, con su cuerpo, con la manera en la que ella va a tomar esto. Por supuesto que es muy distinta y eso producía como esta especie de doble conflicto que a mí me interesaba y que me alegra mucho confirmar a partir de tus palabras que se lee. Por un lado esta especie de conflicto moral, no sabe muy bien ella si contarle esto a su hija o no, especialmente porque, cuando le va a contar, su hija le dice que va a ser abuela, ese especie de choque de intenciones que es como jugar a las cartas; la mamá tenía una carta y la hija tira otra que anula la de la madre automáticamente: no te voy a contar que me metí en una plataforma en la que me desnudo cuando me acabás de decir eso. Y por otro lado está el conflicto tecnológico que, como te digo, yo lo conozco de primera mano. Hay muchas cosas de estas que yo rechazo y otras que digo: “no, yo debería actualizarme y entender cómo funciona esto”, entonces para mí también era entender las precauciones o las dificultades. Me resultaba difícil reaccionar a un proyecto en tan poco tiempo con un personaje tan joven. Eso me habría significado hacer una investigación para entender qué podía sentir una muchacha de veinte años de esta generación en ese contexto sin que resultara cliché o una proyección acartonada y no contaba con ese tiempo, así que fue una manera de acercar el proyecto a mí realidad. 

Está este proverbio que dice “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero el corto Dulce martina quiere darle una vuelta empática y encontrar confort en la realización de que todos estamos luchando nuestras propias batallas, ¿vos también encontrás consuelo en el reconocimiento de nuestras imperfecciones? 

Yo creo que cuando te referís a esta situación a partir de la figura del giro empático, estamos completamente de acuerdo en cuanto a que la empatía me parece una característica esencial en este momento que estamos atravesando todos. Creo que es muy difícil atravesar una situación como esta de tanta incertidumbre, de tanta precariedad, de tanto miedo, si no somos empáticos. Creo que es difícil establecer las relaciones más básicas en este contexto o restablecer o retomar las relaciones de todos los días, relaciones de familia, de pareja, de amigos, de compañeros de trabajo, si no le sumamos una dosis adicional de empatía, si no decimos: “bueno no sé si esta esta persona está pasando por una situación especialmente difícil, no sé si falleció su primo, su sobrino, su tía”, y es muy probable que haya perdido a alguien cercano en este proceso. Si uno no se pone en el lugar de la otra persona es muy difícil entender por qué esa otra persona reacciona agresiva, airada, o imprevisiblemente, y a mí en ese momento me parecía muy importante la empatía. Esto estaba en el guion original de Natalia, y a mí me resultó no solo muy importante como elemento temático del corto, sino me pareció muy hermoso el hecho de que el corto terminara con esta imagen en la que ella estaba sola pero acompañada, con estos aplausos en este blacon en el que alguna manera todos conformaban una sola persona. 

Fotograma del cortometraje ‘Dulce Martina’.

En estos cortos, las acciones de tus personajes responden a cambios importantes en sus vidas, principalmente magnificados por la pandemia, ¿a vos, como persona, cómo sentís que te han cambiado estos casi dos años de pandemia? 

Me han convertido en una persona menos ansiosa. Creo que antes de la pandemia estaba muy concentrado en desarrollar un proyecto de largometraje de coproducción con México que la pandemia interrumpió, como tantas cosas en la vida. En este punto puedo decir que la pandemia me ha enseñado a pensar en otras formas expresivas, he comenzado a escribir, he comenzado a hacer fotografías, he vuelto a hacer cortos, y en relativamente poco tiempo he hecho cuatro cortometrajes, así que creo que me ha ayudado a reconsiderar algunas cosas, incluso cosas que yo creía saber, por ejemplo, sobre esta importancia del cortometraje y el hecho de que hacer cortos no nos hace menos cineastas. Eso lo he sabido toda la vida, pero no necesariamente lo he puesto en práctica y fue la pandemia la que me ha hecho volver ahí, y también volví con mucho placer, con mucha alegría, no fue un regreso que me resultara difícil, pero es cierto que volví a hacer cortos porque la pandemia lo propuso y muy probablemente ahora siga alternando una cosa con la otra en la densidad de que me resulte posible. 

Vos hacés un cine muy personal, un tipo de cine que es una respuesta a tus anhelos, preocupaciones, intereses, etc. Además de los que ya trataste en estos cortos, ¿hay temas, preocupaciones, anhelos que te hayan dejado la pandemia y que querás tratar cinematográficamente en el futuro?  

Sí, sin duda, yo creo que, como decía, que la ventaja del corto es que te permite reaccionar inmediatamente, esto que estoy sintiendo en este momento puede convertirse en una audiovisual, así que el corto tiene esto de que es una pequeña radiografía de lo que ocurría en el momento de su elaboración, es algo que me parece muy importante, lo menciono en relación con tu pregunta porque, claro, cada cierto tiempo estas motivaciones van cambiando, se van moviendo, y también me doy cuenta que hay algunas que han permanecido, hay ciertos escritores a los que vuelvo, he vuelto a leer algunos que me interesaban hace 10-15 años y ahora volví y me gustaría hacer alguna adaptación con algunos de esos textos. Así que sí, hay definitivamente temas que me resultan importantes y que, ahora de que me doy cuenta, han sido importantes en el tiempo. 

Creo que en este momento hay una especie de rasgo social que está subrayado por esto que vemos en las redes sociales que tiene que ver justamente con una desconexión generacional que a mí me interesa mucho. Está un poco en Dulce Martina: cómo vemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, cómo los juzgamos, me parece que hay una especie de actitud generacional en este momento que señala fácilmente los errores del pasado, a veces se habla de las generaciones anteriores con una especie de reclamo que a veces también es una especie de desprecio, ¿no? “Estos señores que estuvieron antes que hicieron Lo que el viento se llevó eran racistas, eran machistas y yo soy mejor, soy distinto”, por eso es necesario poner un disclaimer a Lo que el viento se llevó para decir: yo soy distinto. Esa especie de señalamiento de la diferencia, esa necesidad de decir: yo pienso de una manera distinta a que mi padre y que mi abuelo, me llama mucho la atención y es un tema que está en aglo de  la literatura que he vuelto a revisar en este tiempo y está en Dulce Martina, también, por supuesto: está madre que tiene una duda importante sobre la reacción que va a tener su hija cuando le cuente qué está haciendo, y además la tiene porque percibe el escalón generacional en el momento en que sabe que va a ser abuela. Este es un tema que definitivamente me interesa mucho a pesar de que, como te decía, este guion me llegó un poco por casualidad y responde no solo a intereses míos sino a los de Natalia. 

Pero sí, si pensamos en temas específicos, después de rodear tu pregunta, ese es uno de los temas que me parece más atractivo, porque genera muchas preguntas. Yo estoy en contacto con estudiantes de veinte años con los que tengo una buena relación en muchos efectos, pero hay cosas que yo no logro entender, hay algo en su forma de percibir el mundo que me resulta muy ajena y, en ese sentido, muy interesante. 

*’La niña fantasma se proyectará el viernes 22 de octubre en la función MADE IN CR I, ‘Greogorio el domingo 24 de octubre en el Sabor Local y ‘Dulce Martina’ el viernes 29 de octubre en MADE IN CR II. Estas tres funciones se celebrarán en el Cine Magaly a las 7:30 p.m.

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