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Erika Bagnarello: Movimiento en la quietud

Por: Luis Acosta Casanova

Erika lo describe, y aunque puedo imaginarlo, no puedo saber con exactitud cómo se debió haber sentido luego de regresar de Los Ángeles a Costa Rica. Fue en marzo de 2020, una breve estadía que, según anticipaba la cineasta, no duraría más de un mes… y entonces marzo se convirtió en abril, abril se convirtió en mayo, y en medio de la incertidumbre, y tras cambiar el pasaje de vuelo una y otra vez, Erika comprendió que la mejor decisión (la única posible en aquel momento) era quedarse en Costa Rica y esperar.

Si investigamos un poco sobre la trayectoria audiovisual de Erika Bagnarello, veremos que ha escrito y dirigido cortometrajes, largometrajes, documentales, ha trabajado tanto en Costa Rica como en Estados Unidos, y a partir de una carrera tan versátil y diversa, podemos comprender cómo, mientras que el 2020 se convertía en el 21, el tener que estar en un mismo lugar implicó un desafío, porque ella, como dice en sus propias palabras, siempre ha buscado estar en movimiento y adaptarse a todo tipo de cambios; y bien sabemos que adaptarse a este cambio ha sido un desafío para cada persona en el mundo.

Sin embargo, fue estando en Costa Rica que se le presentó la oportunidad de escribir el guion para una serie de Netflix, un proceso que requería gran nivel de minuciosidad, y Erika descubrió que, incluso en la quietud del confinamiento, podía dedicarse a trabajar en aquello que la apasiona. Y también, a un nivel más personal, recordó lo que era la tranquilidad (algo que, según me dice, es difícil de encontrar en Los Ángeles) y pudo pensar en su carrera, sus experiencias, y en sí misma.

Por fin, tras este inesperado descanso, Erika Bagnarello está a pocos meses de regresar al deslumbrante frenesí de Los Ángeles, pero antes de hacerlo, accedió a formar parte del Jurado de la competencia MADE IN COSTA RICA del Festival Global de Cortometrajes shnit San José.

Su amor por el cine, y específicamente esta conciencia de que su vocación es la de contar historias de manera audiovisual, ¿es algo que ha estado presente toda su vida o fue el resultado de un proceso de autodescubrimiento?

Ha sido algo de toda mi vida. Desde los trece años decidí que quería estudiar cine; ni siquiera sabía muy bien lo que eso implicaba, pero fue una decisión casi absoluta. Sin embargo, al crecer en un país donde había tan poca industria, tuve que hacer todo un plan, y realmente estudiar mis posibilidades para ver qué tan realista podía ser estudiar producción cinematográfica. Primero estudié Ciencias de la Comunicación en la UCR, y luego me dieron una beca para irme a Florida, pero sí fue algo que ni tuve que pensar, salí del colegio y ya sabía lo que quería hacer. Y bueno, hasta hace poco, realmente nunca había dudado si este era mi camino o no.

¿Se refiere a que hace poco sí le surgió alguna duda?

Pues, conforme pasa el tiempo uno empieza a cuestionarse; esta es una carrera tan complicada, que requiere tanto drive, como empuje, que a veces, como en tiempos de pandemia, uno dice: “Pucha, ¿será que debí haber estudiado otra cosa? Esto está complicado”, creo que pensamientos así me han entrado en los últimos años. Pero, al final, siempre vuelvo a lo mismo; es como que puedo pensarlo, y lo pienso, y puedo tener dudas, pero vuelvo a mi pasión, que es contar historias, porque es lo que más me llena hacer.

A pesar de que tratemos de luchar contra esa pasión o vocación, hasta que no la sigamos, siempre va a estar resurgiendo.

Sí, totalmente. Creo que también me he tomado el tiempo de explorar muchos géneros y también de escribir y dirigir, he escrito y dirigido películas de ficción, documentales, videoclips, he escrito para un par de proyectos de televisión en Estados Unidos, y pues, todos tienen cosas diferentes. Lo que sí he estado pensando, sobre todo en este tiempo de pandemia es: de todo lo que he hecho, ¿qué es lo que me llena más? Porque no es necesariamente lo mismo tener una carrera como documentalista independiente que trabajar para Netflix, y dirigir una película independiente no se va a sentir igual a estar escribiendo un piloto de televisión; entonces, es como saber cuál es el tiempo correcto para cada proyecto, como: ¿Qué es lo que va más acorde con mi personalidad y plan de vida en estos momentos? Cada época de la vida tiene cierto nivel de empuje y ganas de hacer algo; yo ya he hecho cortometrajes y eso no significa que no volvería a hacer uno, pero siento que ahora son otras cosas las que llaman mi atención, que lo que llamaba mi atención hace quince años.

¿Considera que hay algún género, o algún medio, tal vez algún rol en cuanto a la producción que usted considere más llamativo?

Mi interés principal, y mi rol número uno, ha sido el de directora de películas. Sin embargo, debo confesar que, últimamente, me interesa muchísimo escribir para televisión en Estados Unidos, porque siento que, a este nivel, es algo que solo puedo hacer en una industria más desarrollada, y siento que las exigencias en cuanto al storytelling, y en cuanto al nivel de guion, me obligan a aprender y a mejorar mucho, y es un reto que todavía me mantiene muy interesada. No digo que no me encante dirigir películas, o dirigir en general, pero creo que escribir también es algo que me apasiona y quiero llegar a un nivel más alto del que tengo ahora.

En su entrevista con Assumpta Serna y Scott Cleverdon, usted mencionó que la carrera de cine no es de velocidad sino de consistencia, no es sprint sino una maratón. ¿Qué tanto se han templado su pasión, disciplina y resiliencia en su propia maratón?

Bueno, pues… A ver, creo que la pandemia también nos ha hecho cuestionar muchas cosas, hemos tenido mucho tiempo para pensar de forma introspectiva, y cuando uno se ve obligado a detenerse, piensa: “Bueno, ¿a qué le doy prioridad ahora?”. Siempre le he dado prioridad a mi carrera, y estoy llegando a un momento donde, a decir verdad, sí deseo tener más balance entre la carrera y mi vida personal, o incluso darle más importancia al descanso, algo que también era difícil viviendo en Los Ángeles, y que tal vez ni se me ocurría. Pero creo que la motivación sigue ahí. Lo que sí sé es que me gusta estar aprendiendo más, si siento que no estoy aprendiendo, ahí es donde a veces me puedo aburrir. Por ahora estoy bastante entretenida tratando de descifrar esta carrera de guionista de televisión, y eso no quiere decir que no esté interesada en las otras cosas, sino que mi enfoque se va volviendo cada vez más específico, incluso como guionista, sobre qué tipo de guiones escribo, cómo desarrollo mi voz, qué tipo de humor me gusta, todas esas cosas las voy conociendo más y me voy haciendo un poco más exigente. Antes, escribía algo y a la primera pensaba: “¡Ya! ¡Ya lo tengo!”, y ahora es como: “No, aún no lo tengo”. Me he vuelto más exigente y por ende, hasta cierto punto, algunas cosas se han vuelto más difíciles, porque ahora más. 

Al haber llegado tan alto, viajado tan lejos, y visto cómo se hace cine y televisión en otras partes del mundo, ¿ha influenciado eso su forma de percibir o apreciar el cine y televisión nacional?

Creo que no se puede ver sólo el producto sino también el contexto. Es decir, no podemos comparar los procesos, porque generalmente los recursos económicos son diferentes, entonces no es que cambie mi percepción, sino que son procesos totalmente diferentes. Por ejemplo, en televisión específicamente, la cantidad de tiempo y la cantidad de personas que se involucran en escribir un guión es muy alta. Al final, no se puede comparar, y a la vez siento que, a veces, como en una película independiente o de cine nacional, que casi todas son independientes, se tiene mucha libertad creativa y eso también es maravilloso. Creo que ambos procesos tienen sus pros y sus contras. A mí me encantaría hacer una película en Costa Rica, eventualmente. En este momento estoy concentrada en escribir para televisión, pero eso no quiere decir que no me encantaría volver acá a hacer una película, y sé que va a ser un proceso totalmente diferente. Pero sí, claro, pues uno ve otras cosas y así es como expande su mente, y aprende que no hay fórmulas, por lo menos en la industria del cine.

¿Cómo ve actualmente el lugar de Costa Rica en el marco cinematográfico mundial?

Creo que, en general, es muy positivo, en el sentido de que, a pesar de las dificultades con las que contamos como gremio, no sólo en el contexto actual de la pandemia, sino también con la falta de fondos, y la falta de apoyo a nivel institucional y de audiencia, aun así salen proyectos de muy alta calidad, y aun así hay personas apasionadas por contar historias, que logran que los proyectos salgan y se estrenen en Cannes, en San Sebastián, en un montón de festivales que, por lo menos hace diez años, ni nos pasaba por la mente que un proyecto pudiera tener ese alcance. Entonces, esa parte a mí me enorgullece mucho, también a nivel de profesionales individualmente, o sea, Nicolas Wong ganó un Premio Platino; hace doce o quince años no pensábamos en ganar premios internacionales y ahora está sucediendo. En ese sentido creo que, a pesar de las dificultades, la industria sigue avanzando y dando pasos fuertes.

¿Qué herramientas considera que le han dado su experiencia como cineasta a la hora de ser Jurado en el Festival shnit?

Creo que al haber producido, realizado, dirigido, escrito cortometrajes, conozco muy bien las dificultades del proceso en carne propia, conozco las limitaciones, conozco el talento que se necesita para contar una historia en un tiempo tan corto y mantener a la audiencia entretenida, conmovida, y mantener también la excelencia técnica. Entonces, porque yo misma lo he hecho, puedo distinguir cuando un cineasta o un crew está dando todo y haciendo un proyecto de calidad, y también pues, no estaría en esto si no me encantara ver películas, son muchos años de estar viendo cosas que hacen que, a la hora de poder valorar un audiovisual, tenga más referencias y puntos de comparación.

Y a la hora de evaluar un cortometraje como parte del Jurado, ¿hay cierto desdoblamiento entre Erika la cineasta y Erika la jueza?

Siempre me pongo en los zapatos de los cineastas, sobre todo este año pasado que ha sido tan difícil. Es difícil no tomar en cuenta todos los retos que tuvieron los cineastas a la hora de realizar el proyecto durante la pandemia, entonces no sé si un desdoblamiento, pero sí puedo sentir mucho orgullo y empatía por los realizadores y realizadoras audiovisuales.

Los parámetros que el Festival shnit sigue para evaluar los cortometrajes son: una historia que emocione, excelencia técnica y voz propia. ¿Qué es, para usted, una voz propia? ¿Cómo podemos valorarla?

Creo que la voz, por lo menos a nivel audiovisual, se deja ver cuando hay algo muy claro que se quiere decir, algo muy contundente a la hora de dar un mensaje, y también la forma en que se da ese mensaje es particular, original, y casi única de ese cortometraje. Cuando vemos un proyecto que es llamativo, que cuenta una historia tal vez contada antes, pero la cuenta de una forma totalmente única, ahí es donde vemos la verdadera voz de un cineasta. Y es lo que decía, yo he pasado los últimos años buscando mi voz particular como escritora, pero creo que es eso: ver una película de X o Y director o directora, y saber que es una película suya porque tienen una voz, un estilo muy particular, y casi siempre tienen temas en común, y mensajes muy contundentes en cada proyecto.

En ese sentido, ¿la voz propia es más fundamental que la excelencia técnica y la historia que emocione?

No, creo que los tres son importantes, pero de hecho yo diría que, para mí, la parte emocional es súper importante, porque va muy de la mano con la voz, con cómo se cuenta una historia. Por ejemplo, en el cine de terror, cómo Jordan Peele, con Get Out, llegó a establecer su propio tono, más allá de que sea terror o no, con ese tipo de humor que lo mantiene a uno muy pendiente de la historia. O una película como Parasite, que también juega mucho con el estilo, pero logra hacerlo muy armoniosamente, o sea que tiene una voz propia, pero también nos hace sentir muchas cosas, y la parte técnica se convierte en algo que aporta a que nos sintamos de cierta forma, y a que la voz sea más clara, entonces creo que las tres van de la mano. A mí, en lo personal, me encanta ir al cine, aunque ya no voy tanto, y me encanta desconectarme y meterme en ese mundo y sentir lo que sienten los personajes.

¿Cuál sería su opinión con respecto a la forma en que escribimos guiones? En otras palabras, la forma en que contamos historias.

No quisiera generalizar, porque creo que en nuestro país hay diferentes guionistas con diferentes estilos y voces. Por ejemplo, no es lo mismo ver una película de Hernán Jiménez, que ver una película de Ishtar Yasin, o ver una película de Miguel Gómez y una de Paz Fábrega; entonces, creo que es bueno y necesario que cada cineasta en Costa Rica tenga suficientes herramientas para desarrollar su propia voz y para contar la historia de la manera que siente que es más coherente con lo que quiere decir. Yo también tengo mi forma de contar historias, y creo que sería injusto describirlo como: “en Costa Rica se cuentan solo de esta forma”, porque eso sería como decir que todas son iguales, y creo que se nota, y es muy positivo que se note, que hay voces y estilos muy diferentes en la producción, porque si no, qué aburrido sería si todo el mundo contara las historias de la misma forma.

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