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La Melancólica y Maravillosa Magia de Melany Mora Murillo.

Por: Luis Acosta Casanova

Suele moverse despacio al hacer fila, a la hora de comer o de tomar una decisión, y suele provocar la molestia de quienes la rodean y carecen de la paciencia necesaria. Para ella, sin embargo, es claro que en este mundo vaporoso y cada vez más frenético todavía hay magia, visible para quienes se toman el tiempo de pausar por un instante y mirar, tal como ella hizo tiempo atrás, durante una gira de astronomía, cuando, mientras sus compañeros andaban de un lado a otro, apresurados y distraídos, ella logró ver una estrella fugaz a través de un telescopio, como si pasara justo frente a sus ojos. Más adelante, recordaría aquel momento, con las palabras: “A veces uno, por estar súper ocupado, no se da cuenta de esas pequeñas cosas mágicas que suceden, como que pasen estrellas fugaces”.

No debería sorprendernos que ésta pequeña anécdota sea parte importante en la vida de Melany Mora Murillo, la directora de Alunizaje, un cortometraje muy autobiográfico, que nos muestra la misión del pequeño astronauta Nel Astro, moviéndose con lentitud mientras explora la extraña y acelerada atmósfera de una feria de turno.

Aunque su cuerpo tenga el hábito de conducirse con lentitud, la mente de Melany trabaja y resplandece con asombrosa rapidez, y parece conducirse tal como aconsejara Marco Aurelio: “Contempla el curso de los astros como si evolucionaras con ellos”.

Mientras espero, escuchando el teléfono repicar, pienso que Melany, tal como me informó en uno de nuestros e—mails, ha pasado los últimos tres días filmando un videoclip. Sólo hay un lustro de diferencia en nuestras edades, y sin embargo me siento como un boomer al reconocer que me asombra lo joven que es; o mejor dicho, me asombran la cantidad, calidad y diversidad que hay en los proyectos de alguien tan joven. ¿Será acaso que, tal como nos muestra Alunizaje, el inexorable tiempo parece cada vez más veloz y las generaciones cada vez más cortas?

—Hola, Luis.

—Muy buenas tardes, Melany.

Le cuento a Melany que su nombre me sonaba familiar cuando me asignaron la entrevista, y que fue durante mi investigación que recordé el motivo: lo había visto en el Semanario Universidad, a finales de 2015, anunciando que había obtenido el tercer mejor promedio en la prueba de aptitud académica.

—Sí, esa soy yo –responde Melany, algo incómoda—. Me llama la atención ver esa entrevista, lo que dije que quería ser versus lo que soy ahora, es muy interesante, ¿verdad? Ver a la persona que era en el pasado con sus anhelos y sueños.

—¿Siente que ha habido un crecimiento?

—Sí… Pero también que muchas cosas han cambiado. Tal vez esa persona era muchísimo más ambiciosa y soñadora, como que tenía un ímpetu gigante, y aunque creo que todavía lo tengo, tal vez estoy un poco más cansada que antes y menos feliz. Ajá, es algo curioso… Pero bueno, podemos hablar de cosas mejores.

Melany me hace pensar en una frase de Orson Welles: “Una película sólo puede ser buena si la cámara funciona como un ojo en la cabeza de un poeta”.

—¡Oiga, pero me está poniendo roja! –responde entre risas— Vea, le voy a contar algo muy curioso de mi vida. Cuando era pequeña, mi sueño era ser científica, pero de frases célebres, quería hacer teorías, o lo que fuera, que se resumieran en una frase y que la frase se hiciera célebre. Entonces, desde pequeña, siempre apunto esas frases, y hay varias que salieron en Alunizaje. Podría decir que lo he escrito durante muchos años… Pero no es cierto. Lo escribí en una semana. Pero de ahí saqué mucho sobre el espacio y el tiempo. Mi primera frase célebre, por ejemplo, y de la que me acuerdo de primero: “Con el tiempo hasta el tiempo pierde su valor”. La hice como a los seis años. O: “Respirar es suicidarse en varios pasos”.

—Asombroso. En la información que presentó a los organizadores del festival viene un pequeño resumen biográfico, y comienza con una frase célebre: “Melany Mora Murillo nació un Martes de Mayo”. ¿Hay algo significativo en el hecho de que haya sido precisamente un martes?

—Sí, todo. Porque todo es con M.

—Todo es con M, y M mayúscula.

—Ajá. Sí, todo es con M y hay muchas cosas más que tienen M: mi color favorito es el morado, mi fruta favorita es la manzana, mi comida favorita son los macarrones, mi país favorito es México. Me siento muy identificada con las cosas con M. Además, desde pequeña, cada vez que escribo una biografía, escribo eso. Puede que no sea relevante, pero me parece muy curioso, como cuando –y no hablo de astrología, ni nada de eso— los astros se alinean.

—Acabo de recordar que el título en inglés de Alunizaje es Moon Landing.

—Sí, sí, sí.

Curiosamente, fue otra palabra con M la que despertó su pasión por el cine: la Música. Melany tocaba el clarinete en una orquesta, y la música de cine era su favorita de interpretar, pues la sentía llena de adrenalina, como por ejemplo, la de John Williams. Hasta aquel momento, Melany no había visto ninguna película de Star Wars, así que, siguiendo una tradición, su tío la alquiló y la vieron juntos. En determinado momento, él comentó: “¿Sabés? Si yo no hubiera estudiado ingeniería, me hubiera encantado estudiar cine”.

—“¿Quéee? –recuerda Melany su respuesta— ¿Eso se puede estudiar? ¡Qué loco!”

Fotograma del cortometraje ‘Alunizaje’.

Durante el colegio, su curiosidad artística maduró cada vez más. Se interesó por cosas tan variadas como el diseño gráfico, la caricatura, el teatro, la filigrana, y éste fervor creativo se enriqueció mediante los cursos libres de la UCR en que participó. Melany organizó un festival de videoclips en su colegio, y para cuando llegó la hora de elegir una carrera universitaria, optó por Comunicación Colectiva por la gran diversidad de aristas que la conformaban, y fue en Comunicación donde descubrió cuánto le gustaba escribir y dirigir cortometrajes.

—Como dicen por ahí –comenta—: “Comunicación es un mar con un centímetro de profundidad”.

Melany menciona Star Wars, y pienso en la importancia que tuvo Richard Wagner como precursor de la composición cinematográfica; para él, la ópera constituía un arte total.

—¿Podríamos decir –pregunto— que actualmente el cine es un mejor candidato para ese arte total que engloba todas las artes?

—Para mí sí –responde Melany, que también se reconoce fan de la ópera—, y para mí, una persona a quien le gustaban muchas cosas, ¡…Ta—ráaa!  Me gusta que haya varias facetas donde puedo explorar, así como todo lo que el cine puede llegar a transmitir por medio de símbolos y metáforas. Yo soy súper fan de hablar a través de metáforas.

—Ésa es la poetisa a través de la cámara.

—Sí, de fijo –ríe—, me gusta un montón que las cosas no sean tan literales.

—¿Cuáles diría que han sido sus principales influencias?

—Uy… —dice, algo alarmada— ¿Como de vida, y así?

—Pues, sí, aunque más anclado en la parte artística.

—Ok… Ok, Ok, Ok… Eh… Hmmm… Vamos a ver… Este… Hmmm… Ok… En cuanto a… A ver… Me parece que es una pregunta difícil de contestar, porque no tengo como un director o directora favorito, favorita. Pero, vamos a ver… Siempre me han llamado la atención las cosas muy absurdas; por ejemplo, me gusta un director español que se llama Javier Fesser, cuando lo vi sentí mucha empatía con lo que estaba contando. Y tal vez un lugar común como Wes Anderson, que cuenta historias desde lugares extradiegéticos y me parece súper mágico, pero creo que lo he visto en varios lugares, no sé si haya una influencia específica. Tal vez no soy una persona de seguir mucho a otra persona, pero puedo seguir pensando.

—Y ya que hablamos sobre influencias; grandes cineastas nos han demostrado que no es necesario estudiar cine para hacer cine. Sin embargo, para usted, que ha estudiado Comunicación Colectiva, ¿de qué forma incide la formación académica, para bien o para mal, en el desarrollo de un cineasta?

—La Escuela de Comunicación me ha dado una capacidad crítica para analizar el discurso de las cosas, y para poder comunicar lo que quiero hacer. Y, mil por mil, para mí lo más importante de una escuela, de cine o lo que sea, es conocer personas que tengan los mismos intereses y crecer juntos. Aprender a trabajar en equipo, aprender cómo son las dinámicas de un set o de una producción, todo eso ayuda un montón para saber qué cosas son realizables, qué cosas no, qué cosas pueden salir bien y qué cosas no tanto.

—Justamente en la página de Facebook de la Asociación de Estudiantes, vi un cortometraje que me pareció brillante y con el que no paraba de reír, se llama…

—¡Ay, no, qué vergüenza! –interviene Melany, entre risas— ¿La Usurpadora?

—¡Sí! –respondo, riendo también— El guion tenía un humor demasiado elegante y creativo.

En La Usurpadora, una señora se queda dormida mientras ve su telenovela favorita; al notar esto, los personajes de la historia, cada uno de los cuales sostiene su nombre escrito en una lámina, comienzan a discutir entre ellos sobre quién es el más atractivo, el más popular, cuál está destinado a morir próximamente, y la naturaleza de su relación con la espectadora. Al mismo tiempo, vemos cómo la telenovela es interrumpida por un anuncio publicitario titulado Veinte segundos con Nietzsche, donde una “Nicole Carboni”, nos explica qué es la voluntad de poder, y por qué ella simplemente está en desacuerdo, antes de revelarnos su postulación a la Presidencia para el 2022. Todo en veinte segundos. 

Fotograma del cortometraje ‘Alunizaje’.

—A mí me gusta mucho la comedia —explica Melany—. Me parece que es una gran manera de hacer pensar a la gente mientras se entretiene.

—Yo, que estudio Filosofía, me reí demasiado cuando vi el…

—El comercial de Nietzsche.

—Ése mismo.

—Yo era la vocecilla de Nicole Carboni –dice Melany, en un divertidísimo tono agudo— “¡Para fundamentar la moral…!”

—¿Ése corto fue escrito por usted, verdad?

—Sí, junto con un amigo y una amiga. De hecho lo terminamos de escribir justo cuando estábamos grabando. Yo organizaba ése festival de cortometrajes, que era sobre telenovelas, y ésa era una parodia, una representación diferente o más actualizada de lo que podría ser una telenovela, que es el show por excelencia de Latinoamérica, como de exportación.

Mis risas son tan fuertes, que Melany hace un paréntesis para bromear:

—O sea, el reggaetón y las telenovelas es lo que Latinoamérica le ha dado al mundo. Era importante sacar qué cosas hay en común de todo eso y qué dice de nosotros como sociedad, aunque parezca una cosa súper ridícula —que obviamente también lo es—, pero iba dirigido a un público meta muy pequeño, que sería la gente de mi carrera, así que hay muchas cosas que vos no entendés, porque obviamente no tenés por qué entenderlo, y eso es algo que me ha enseñado la Escuela de Comunicación: Saber a quién hablarle, pensando en que la gente me entienda, se ría y sienta algo.

—Hablando del humor inteligente usted tiene otros dos cortometrajes, uno de ellos es Sutiles Plásticos.

Sutiles Plásticos una analogía de cuando se abandona a las personas, como en la indigencia y bueno, es un documental, porque sí es basura real y sí grabamos en Semana Santa, cuando se acumula un montón de basura, y también lo hicimos como en un día.

—Su otro cortometraje es uno que no he visto pero tiene el mejor título que he leído en mi vida: El Amor es Fascista.

—Yo escribí El Amor es Fascista como en cuatro horas, y es un concepto que me gustó un montón. Te lo pongo así: Abril nació en julio y es, curiosamente, una filósofa empírica, y estudia Ingeniería Eléctrica por motivos de investigación social. La cuestión es que la mae se dio cuenta, después de haber visto cinco mil películas, de que todas, todas, todas, en algún punto hablaban sobre el amor, así que ella, que nunca lo había experimentado, decide, por investigación, enamorarse.

—Peligroso.

—Ajá. Y entonces hace una máquina, que es prácticamente un vaso con una cuerda infinita, con otro vaso al otro lado. Y lo tira a la ventana para que le llegue al amor de su vida, y le llega a Julio, que había nacido en abril. Ella se enamora un montón y al final —le contaré el final porque la verdad no me importa contar spoilers— se da cuenta, cuando ya está muy metida en la vara, de que todo se ha vuelto Julio; o sea, todos los meses del calendario eran julio, todos los escritores, los Papas, todo era Julio. Entonces ella anotó en sus conclusiones que el fascismo es un poder ejercido por una sola persona, que afecta medios de comunicación, el espacio personal de las personas, y así llegó a la conclusión de que el amor es fascista, y cortó su comunicación con el sujeto, y listo, ahí termina.

—¿Podría interpretarse como una reflexión sobre las relaciones tóxicas?

—Sí, por supuesto, y sobre el contexto romántico del amor, en general. La idea surgió porque odio demasiado una “teoría” de que uno nació con un hilo rojo atado a otra persona, y que el hilo se alarga y se encoge pero siempre está, y como que uno tiene que encontrar al amor de su vida. Ése concepto me parece súper vomitivo y tóxico, porque uno no puede atarse a las personas, porque las personas no son para siempre, y porque uno es la única persona que va a estar ahí con uno mismo para toda la vida.

—De todos los ámbitos en que ha trabajado, ¿cuál siente que es su verdadero llamado?

Me gusta mucho escribir y dirigir, porque me gusta crear universos y tener el chance de jugar con eso, y crear cosas que no podrían pasar en la vida real, o que pasen en la vida real, pero contadas de una manera diferente.

—Otro de sus proyectos fue la campaña ¿Es en serio? del INAMU.

—Ajá. ¿La viste?

—Claro. Al mismo tiempo me hizo reír pero también reflexionar, y siento que…

—¿Y eso lo puse en mi biografía? –pregunta Melany, sorprendida.

—No, eso fue parte de mi stalkeo periodístico.

—Ah, ok, ok –ríe—. Yo como “Qué raro, poniendo algo de publicidad”.

—Lo menciono porque me gustaría saber su opinión sobre el rol que tiene el cine en las luchas sociales y políticas.

—Uy, es súper importante. Puedes hacer cambiar de opinión a una persona sólo con enseñarle una película, o puedes formar un mejor criterio de una persona con sólo una película, puedes informar a la gente con sólo una película, puedes tratar temas súper densos, súper chivas en una película. ¡Ah, bueno, una influencia! Adam McKay, el director de The Big Short, una película que me parece brillante por cómo trata el tema de la crisis económica del 2007, un tema súper aburrido para mí —si hubiera sido un documental, me duermo—, y diay, que Margot Robbie salga en una tina explicando temas económicos súper complejos me parece brillante. Ahí el arte es demasiado valioso porque hay maneras de comunicar y hacer cambios, de hacer que la gente sienta cosas y que formen su criterio.

Es un tema que emociona mucho a la joven directora, pues antes de que yo pueda asentir y continuar, continúa:

Fotograma del cortometraje ‘Alunizaje’.

—¡Ah, bueno! Forrest Gump me gusta un montón, desde pequeña, y es una película que trata un montón de temas políticos, yo jamás hubiera imaginado que tenía un montón de subtextos súper increíbles de toda la historia de Estados Unidos, vigentes todavía, que están metidos de una manera brillante en la película. Igual Billy Elliot, yo no tenía ni la menor idea de todas estas protestas que hubo por parte de los mineros en Inglaterra. Me gustó también esta película que se llama Vice, también del mismo mae [Adam McKay], me parece brillante, y es una cuestión súper crítica a la política estadounidense, y tiene recursos rarísimos, súper locos, como compararlos a animales salvajes. Y todo eso está contado de una manera cómica, pero es una comedia súper pensada para dar a entender cosas… Bueno, ahí está una influencia.

—Uno de mis chistes favoritos de Forrest Gump tiene que ver con el escándalo de Watergate. En su momento no entendía, pero ahora me parto de la risa y me gusta pensar que así fue como ocurrió.

—Ajá, o por ejemplo ahorita, no sé si viste esta peli de Taika Waititi, Jojo Rabbit.

—Sí, claro.

—Es una manera súper creativa de tocar una cosa súper seria, y que nunca se había tocado desde esa perspectiva y con tal delicadeza. ¡O sea, empatizar con un niño nazi! Y a fin de cuentas ¿por qué era nazi? Porque le gustaba la narrativa y pertenecer a un club. Aunque suene a humor negro que ya pasa de la raya, es muy importante para poder entender cómo es que a todos nos ha pasado eso, de nada más creernos un discurso y meternos en ese ride aunque sea muy tóxico y dañino y que incluso, di, esos niños jamás imaginaron lo que era una guerra, o lo que era odiar realmente a nadie, y se imaginaban a las otras personas como monstruos, y es muy curioso porque en eso se basa el discurso de absolutamente cualquier tipo de discriminación: ver a los otros como si no fueran humanos, ver a los indígenas como si fueran salvajes, ver a los negros como si fueran monos o esclavos, esa es la base.

—Además, el mensaje de Jojo Rabbit es que, justamente, ese odio viene de la ignorancia, y es el conocimiento lo que rompe esos prejuicios.

—¡Ajá, ajá, ajá! Claro, sí, es muy lindo. Ése tipo de cosas realmente me gustan un montón. 

—Ahora, para aterrizar en Alunizaje, no pun intended.

Melany ríe una vez más.

—¡Ay, a mí me gustan un montón los puns! –dice— Sí, para alunizar, ajá, pero bueno.

—Fue seleccionado para el Shnit, pero también estuvo en el CRFIC, vi que estuvo incluso en California.

—Sí, y en el Lúdico, ahorita. También ha estado en Corea y lo seleccionaron para un festival en Irlanda, y en Argentina, y en Colombia.

—¿Cómo se ha sentido ante tal recepción?

—Yo romantizaba mucho los festivales, como que mi sueño era presentar un cortometraje en la pantalla del Cine Magaly y, por lo pronto, no va a suceder, lo cual es muy triste porque di… Ya entró a tres festivales, pero aquí en Costa Rica no lo podré ver en pantalla grande. Pero bueno, para mí lo más lindo es ver cómo otras culturas pueden empatizar con la historia o preguntarme cosas; hablar con gente de otros países, poner a dialogar el proyecto con diferentes culturas, eso me pareció súper valioso. Pero más allá, me doy cuenta de que los festivales realmente son una cosa muy abstracta, y a fin de cuentas lo que importa no es qué tan prestigioso sea el festival, sino cuánta gente pueda ver los cortos; hay festivales súper caros y queda el sinsabor de que casi nadie los vio. Para mí, la experiencia en el Lúdico fue muy gratificante, porque gente que no conocía me escribía para hablarme del corto, y eso para mí es invaluable: llegar a personas que no conozco y que no me van a decir que les gustó sólo porque son mis amigos.

—¿De dónde vino exactamente la inspiración de Alunizaje?

—¡Ay, de muchas cosas! Yo estaba en la cama diciendo: “Tengo que hacer un proyecto que me guste mucho, porque éste es mi último curso de producción. Tiene que salir una cosa que signifique demasiado, porque para mí esto va a ser como mi tesis”. El curso se llamaba Realización de Corto de Ficción, teníamos que entregar el guion en una semana y yo estaba muy estresada porque no se me ocurría nada y ya era domingo… eso era para el lunes.

—¡Wow!

—Ajá. Tuve varias ideas antes y no me llegaron a convencer, pero había una cosa que me interesaba mucho: personas que tuvieran una especie de condición específica que les cambiara su percepción sensorial. Yo tenía un libro que se llama El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero, sobre enfermedades rarísimas; por ejemplo, una persona que no puede reconocer rostros y ve un sombrero en la cara de su esposa. ¡Eso existe! Esas cosas me parecen demasiado increíbles para tocar en un audiovisual, y me pareció muy chiva tratar algo que fuera en cámara lenta mientras lo demás era normal. Así que llamé a mis amigos, y apenas terminaba una llamada, terminaba de bocetar el guion.

—¿De qué manera?

—Por ejemplo, de la directora de arte surgió que fuera un análisis de la sociedad acelerada, y también que lo hiciéramos en una feria de turno. De un compañero salió que fuera una representación de huida y que fuera de un niño. De otro compañero surgió la idea de que el niño fuera astronauta, y todo cobró mucho sentido, porque era mi protesta contra el hecho de que tuviera que entregar un guion que me gustara lo suficiente, en menos de una semana, y todo eso de vivir siempre contra tiempo y contra reloj, que realmente son los humanos quienes se lo imponen.

Fotograma del cortometraje ‘Alunizaje’.

Melany me explica el origen de Nel, antes de que se lo pregunte.

—Escribí el personaje como un alter ego porque soy una persona súper lenta. Soy un oso perezoso, a la gente le molesta mucho y yo lo siento. ¿Pero por qué todo tiene que ser tan rápido, como si fuéramos una fábrica? Eso me molesta mucho, y metí mucho de eso en el personaje. Y también es mi alter ego mío al ser una persona que tiene sueños muy grandes, y bueno… Era lo que te estaba comentando, ya no tengo sueños tan grandes como cuando era pequeña, o ahora soy un poco más realista. Hablando de puns, él se llama Nel y yo Mel, y también él se llama Nel Astro por…

—Neil Armstrong, sí.

—En realidad el actor es de apellido Castro. Mi idea era que el personaje se llamaba Daniel Castro, pero que, al ser una persona súper necia, fue al Registro para que le quitaran la C en el apellido.

Es aquí cuando la joven directora me relata su experiencia con el telescopio y la estrella fugaz, y con la emoción que sólo puede venir de alguien que valora las pequeñas maravillas del mundo, dice:

—Por no estar apurada, por no permitir que todo el ruido exterior me afectara, pude ver una cosa muy mágica, y pues, de ahí la analogía sobre esos destellos de magia que pasan y no nos damos cuenta.

De pronto escucho un pequeño ¡hic! al otro lado de la línea.

—¡Un dato curioso sobre mí! –explica Melany— Tengo hipo crónico.

—¿En serio? No sabía que eso existía.

—Yo tampoco sabía. Así se llama cuando a la gente le dura varios meses, pero a mí me ha durado toda la vida.

—Otro vínculo con Nel.

—Sí, cosas raras, cosas raras.

—Cuando me contó que se siente diferente de su yo de antaño recordé que el Narrador dice: “Nel miraba hacia arriba, soñando con el lugar que ocuparía en las estrellas, ahora mira hacia abajo, reconociendo el espacio que hay entre el polvo y sus pies.”

—Hay una frase en latín, que dice: Per astra… Eh…

Ad as… No… Per aspera

—…ad Astra. Ajá. Curiosamente tiene que ver con eso de la tierra y el espacio. Para terminar de contar la historia de ese día en que vi una estrella fugaz desde un telescopio; llegué a mi casa toda contenta y recuerdo que fui al baño de la casa y no podía abrir, entonces empujé con más fuerza, y debajo del baño salió sangre.

—¡Wow…! –exclamo, alarmado ante algo que no esperaba oír.

—Ajá, y era mi abuelo; yo le estaba golpeando la cabeza a mi abuelo que estaba ahí en el piso. Mi abuelo estuvo bien, pero es curioso, porque yo estaba viendo hacia arriba y cuando llegué a mi casa estaba viendo hacia abajo, esas cosas como que, no sé, me parecen súper simbólicas.

—En ese sentido –pregunto—, podríamos decir que durante la niñez alunizamos, y en la adultez, nos guste o no, debemos aterrizar. ¿Hay una similitud entre Nel y toda la humanidad?

—Sí, total, total, total –responde Melany—, la idea es que cualquier persona se pueda identificar porque son cosas que a todo el mundo le suceden en la vida: uno quiere algo y por cuestiones de la vida no se puede. Yo, por ejemplo, en serio quise que el corto se viera en pantalla grande, y por cuestiones del coronavirus no se pudo, o sea, son cosas que ya por más que me esfuerce están fuera de alcance, y siento una impotencia y una tristeza horrible, pero eso es parte de, ¿no? Eso es parte de la vida; la historia, aunque sea muy pequeña y mínima, representa mucho de lo que uno vive.

—A pesar de que haya cierta melancolía, el corto termina con una nota de esperanza cuando nos dice: “Incluso si los planetas chocan, las estrellas nacen a partir del caos”.

—Ayer escuché una muy buena, que dice: “Hasta de la mierda sale abono”. Muy buena, ¿verdad? –pregunta Melany.

—Muy buena.

—Pero sí, cuando una puerta se cierra otra se abre.

—Exacto.

—Ajá, ajá, ajá. Pero puesto en palabras pretenciosas.

Fotograma del cortometraje ‘Alunizaje’.

—Luego de haber recorrido todo este camino, a la vez tan corto y tan largo, ¿qué considera que ha aprendido como artista sobre la vocación cinematográfica?

—He aprendido un montón a trabajar en equipo. Me gusta saber qué tan comprometida está la gente con un proyecto, para no tener que arrastrarlos a algo que no quieren, porque esas cosas son muy desgastantes, y ese corto costó mucho, mucho, mucho hacerlo. Como realmente estar con la gente para que no se llegue a sobreexplotar. Sí, creo que eso he aprend… Sí, no sé, ¿la pregunta era como qué he aprendido en el proceso? No sé, se me olvidó.

—¿Qué ha aprendido a lo largo de este proceso, como cineasta?

—Ajá, bueno, eso a nivel de hacer proyectos; pero también he aprendido a ser resiliente. ¿Cómo es? Ser estoico en palabras más filosóficas. También tengo que aprender a no ser tan perfeccionista; hay cosas donde uno tiene que aprender a dejar ir, y también aprovechar las cosas que hay, eso es como lo que más he aprendido.

—¿Me compartiría una pincelada de qué temas o proyectos le gustaría desarrollar en el futuro?

—Ahorita me está gustando un montón el tema del distanciamiento social, como visualmente, o sea, me gusta cómo se ve la gente separada pero en un mismo lugar. Me gustan mucho las perspectivas de los niños, que ven el mundo de una manera diferente; por ahí leí que los niños nacen poetas, pero como que poco a poco se va perdiendo eso, me gustan esas cosas. Ahorita estoy interesada en casos extraños de medicina, pero di, no sé, es como otro ride. También la relación de la humanidad con la tecnología. Me gusta sacar temas de cosas que me indignan, pero hacerlo de una manera graciosa, o sea, como de realismo mágico y así, y supongo que más cosas que me ponen feliz, no sé, o que me inquietan.

—Por supuesto.

—Me gustan más cosas como “Ay, mirá, vivimos en una sociedad acelerada, en la que el amor romántico…”, o cosas así. Como que me gustan cosas un poco irreales o exageradas, pero que a la vez tienen un trasfondo social. Por ejemplo, el primer corto que hice en mi vida era sobre un mae que cuando era niño se obsesionó con hacer imitaciones de sonidos, y que nunca creció, entonces cuando ya era grande hacía imitaciones de sonidos todo el tiempo y era muy incómodo, e incluso dejó de tener amigos.

—¡Wow!

—Ajá. Y obviamente ese corto es fatal, es horrible, pero creo que tenía lo mismo: una condición rara de alguien y… Ajá.

—Pensando a futuro, ¿cuál sería su visión como directora?

—Me gustaría hacer cine súper diferente a lo que uno está acostumbrado a ver, y hacer cosas así, como de realismo mágico, que tuvo su boom en Latinoamérica. Porque, obviamente, disfruto un montón las películas que tienen situaciones reales, de personas que parecen reales, pero a mí también me gustaría hacer cosas sobre personas que no parezcan reales, o que parezcan muy improbables.

El tiempo, ése aliado y enemigo nuestro que, como dice Alunizaje, es extensible, compactable, pero irreversible, nos irá revelando, en su debido momento, qué nuevos audiovisuales ideará Melany. Mientras esperamos, nos quedamos encapsulados en una de sus frases célebres:

—Me gusta mucho eso: Representar realidades… pero muy mágicas. Ajá.

‘Alunizaje’ es parte de la función MADE IN COSTA RICA I del Festival shnit San José. Los boletos virtuales se pueden conseguir en la Boletería deleFOCO (boleteria.delefoco.com)

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